Cuatro generaciones mostrando el traje de pastora, con elementos muy antiguos. / JSP

Una tradición que pasa de generación en generación

Legado. La familia de María Ángeles Mateos posee elementos del traje de pastora que tienen 140 años y una de sus nietas se pondrá hoy un refajo con medio siglo de antigüedad

Javier Sánchez Pablos
JAVIER SÁNCHEZ PABLOS

La fiesta del Domingo de Resurrección, conocida popularmente como El Chíviri, de interés turístico regional, está basada en la tradición, que va pasando de generación en generación. Este hecho hace que familias cuenten con algunos 'tesoros', gracias a grandes dosis de cuidados y algunos mismos. Es el caso de María Ángeles Mateos, que recibió un apreciado legado de su madre, Antonia Mariscal que, con 94 años, con buena memoria y gran humor, recuerda que a su vez lo recibió de su suegra, la abuela Josefa. Con el tiempo, seguramente pasará a la hija de María Ángeles y nieta de Antonia, Beatriz Cortés.

Se tratan de algunos elementos del traje tradicional que se luce o lucía en esta jornada. Ejemplo de ello es una pollera que tiene unos 140 años. «Se mantiene muy bien», explica María Ángeles. De color granate, a diferencia de las de ahora, solo posee una cenefa en la parte de abajo. El resto de esta peculiar falda es liso. De esos años también conserva dos mandiles del traje de pastora, así como el llamado 'pañuelo de cien colores'. Mateos apunta que, para mantener este legado en perfectas condiciones, hay que guardarlo de una forma adecuada. Además, todos los años, se utilice o no, lo airea en un patio.

Otra de las joyas, con algo menos de años, es uno de los trajes que vestirá la pequeña de la casa, Enma, hija de Sergio, el hermano de Beatriz. Se pondrá el mismo refajo, corpiño y blusa que hicieron hace unos 60 años a su abuela, María Ángeles. Este traje también lo utilizó Danae e Iris, las hijas de Beatriz. Fue realizado en su momento por un familiar de Antonia, la bisabuela de las pequeñas. Iris también portará un refajo de la familia, con medio siglo de antigüedad. Todo ello ha sido elaborado de forma artesanal. «Nos hace ilusión que se vistan con esta indumentaria», apuntan.

El traje de pastor que tiene unos 50 años / JSP

Uno de los elementos que se dejará guardado en casa es un traje de pastor, con pantalón, chambra y una llamativa camisa. Fue elaborado hace unos 50 años para los hermanos de María Ángeles y lo llegó a utilizar también su hijo Sergio. «No tengo biznietos, si no, también se lo hubiese puesto», señala la bisabuela con cara sonriente.

Participación

Con parte de esta indumentaria, esta familia acudirá hoy a la plaza Mayor a disfrutar de la jornada festiva, como miles de personas. Quien se quedará en casa es Antonia, ya que cuenta con algunos problemas de movilidad. Con cierta añoranza, recuerda que, cuando era más joven, acudía al Chíviri, «para cantar, brincar y brincar».

Desde Huertas de Ánimas iba la familia, con los tres hijos cogidos, ya que no tenía coche. En esa época, no faltaba el chorizo y otros manjares para el aperitivo. «Allí nos juntábamos con todas las amigas». Aunque ella nunca se ha vestido de pastora, sí ponía el traje tradicional a sus tres hijos, añade la más mayor de la casa.

María Ángeles y su marido Valentín sí estarán hoy en la plaza Mayor con su grupo de amigos. Así también lo hará Beatriz, con su marido Rodrigo y sus dos hijas. De hecho, cada año, mayores y jóvenes se suelen juntar siempre en el mismo lugar para disfrutar de las canciones más tradicionales de este día.

Beatriz irá ataviada con una camiseta que se ha puesto de moda para esta jornada en los últimos años. Reconoce que ya hace un tiempo que no se viste de pastora para el Chíviri. Lo hacía cuando era más joven. Ahora, ya que sus hijas van con el traje tradicional, volverá a ponérselo en próximas ediciones. Para ello, ha pedido a su madre que, para el año que viene, elabore un refajo. «Lo tengo claro, lo quiero de color verde», detalla. También quieren hacer uno nuevo a Danae, Y es que, aunque pasen los años, la tradición de la fiesta del Chíviri no se pierde.