María Victoria Pablos Lamas

Reflexiones desde la ventana

Con tiritas o sin ellas

«Por favor sigan disfrutando de la vida, con todo lo que conlleva»

MARÍA VICTORIA PABLOS LAMAS

Una gota rueda por el dorso de una mano, cae otra sobre un hombro, la tercera cae en la frente... Llueve. Llueve fuera y el sonido invita a descansar en el interior. El pensamiento me trae momentos y sensaciones que me hacen sonreír. Nuestro modo de vivir en este mundo es único y diverso.

La perfección se vuelve invisible y juega a esconderse detrás de cada titubeo. Formamos parte de una cadena de acción reacción. Nada se percibe como inmutable y nada de nada es ajeno a las circunstancias que nos rodean. Cuántas veces hemos pensado, «soy yo y mis circunstancias» pero nunca soy, casi siempre hay un somos, porque lo que nos sucede pesa en la red que formamos, por lo tanto, siempre somos, siempre arrastramos.

No son fáciles de pensar las heridas, de hecho, muchas personas lo evitan. Recuerdo la última vez que ese dolor de herida intensa casi vuelve a romperme. Fue no hace tanto, durante aquellos fatídicos días en los que más de mil personas estaban muriendo en España con esta pandemia. Todo me llevaba a pensar que el mundo perdía vidas a un ritmo insostenible. Cada ser humano era arrancado de su red, y las heridas de la red por muy zurcidas... Aquí siguen. (Si ustedes han leído otros artículos saben a qué me refiero).

Y es que cada herida tiene su dolor y cada dolor podrá llegar a convertirse en una fortaleza si conseguimos sobrevivirlo. Ninguna persona vive sin malos momentos, ni sin heridas. No me refiero a cosas tontas. Nosotros, que en esta parte del planeta le concedemos tanto valor a la información, nos hemos dado cuenta que todo en exceso hiere o mata... Nada se escapa a esta máxima fundamental. De ahí que urja diferenciar lo esencial y pensar en aquello que valoraban nuestros padres o abuelos para evitar así que nos dejemos dañar por fantasmadas.

Permítanme invitarles a pensar en las heridas que tenemos, en las que dejamos en nosotros o en las que dejamos en otros seres humanos... tendremos que descubrir heridas que no conocemos y el tiempo nos ayudará poco a poco. Existen heridas de las peores, invisibles: cicatrices emocionales de profundas de decepciones, de traiciones, de abandonos. Sin percibirlo tenemos heridas que dejamos quedarse... ellas se encargarán de hacernos sangrar incluso sobre las personas que no entenderán por qué lo hacemos. Para Pablo Neruda «más que abrirnos la piel, nos abren los ojos», pero también nos abren ciertamente la piel. Y para Isabel Allende «cuanto más grande la herida, más privado el dolor».

Definitivamente somos elementos que entramos en orden o desorden tras habernos pensado. No podemos negar, como seres humanos, que parte de vivir es avanzar y cerrar ciclos. Sabiamente la mente olvida todo lo que sobra, algunas heridas sanarán gracias al tiempo. El secreto es dejar que tenga que venir lo nuevo; nadie puede arrastrar sin fin esa pesada carga. Sin olvidar que necesitamos vivir desde el aquí y el ahora: Eloy Moreno en su libro El Regalo nos dice que «uno no puede jugar a adivinar el futuro y menos cuando, ni siquiera es capaz de controlar el presente».

Sólo si deciden intentarlo, recuerden que la mancha de una mora con otra verde se quita (es una tirita), tirita que no solo funciona en el ámbito del amor.

Por favor sigan disfrutando de la vida, con todo lo que conlleva. Y «no permitan que sus heridas les transformen en algo que no son». (frase de Paulo Coelho que procede de la lógica aplastante más quijotesca)

Dedicado a todos los que al leer sonríen. Especialmente dedicado a Judith Tesoro Búrdalo, a su familia y a todos los que hemos vivido algo que nos cambió tanto que nunca volvimos a ser los mismos.