José Cercas

Reflexiones desde la ventana

Salir a la calle

JOSÉ CERCAS

Sales a la calle y justo en frente, la misma farola tirita de frío en la misma pared de siempre, al primer toque de los rayos del sol, caen las primeras gotas de rocío desde su herrumbre antigua y tintineante. La calle húmeda, el barrio vacío, las mismas sombras levantando la luz por las fachadas. Al fondo, la misma figura de todas las mañanas camina hacia su tarea diaria, el gallo canta a lo lejos, el perro ladra en el mismo rincón de todos los días. Un día tras otro la vida camina por todos los lugares del mundo, cielo y tierra se conjugan para dar paso a la luz y a las sombras. Lo que debe ocurrir ocurre, lo que ha de morir al abrigo del tiempo, muere, lo que ha de venir a vivir entre nosotros, vive. Así nos vamos encontrando con la vida y con la muerte en el tiempo que nos ocupa. Ya lo decía el maestro Machado, «Y en un día como tantos descansan bajo la tierra»

No intentes sobre salir por encima de sus cabezas, no te pares para dejar escrito, tu noble voluntad de mantener tu espíritu sobre la historia, porque alguien te criticará, alguien vendrá a por ti, alguien moverá los hilos de la palabra absurda. Sigue haciendo cada día las mismas cosas, los mismos movimientos y cuando llegue tu hora, vete sin hacer ruido. Está escrito.

LOS PASOS POR LA VIDA

Después de recorrer el mar por la playa escrita,

por los montes, los valles que trabajan las horas

y por la fragua donde el fuelle labora canciones de miel.

Después de perder otro día,

aquel en que los almendros blanquean sus flores

para convertirse en semilla que alimenta más vida.

Después de saber que el fruto es más un puente que una poesía,

que la risa transita entre los muros de otras risas

y la azada tiende su voz sudorosa

en paredes solitarias o cuelga del orgullo

a pesar de romper la tierra y quebrar el surco.

Después, tú y yo, amada,

porque ya no habrá tantos después que contarte,

porque siempre es después y pasado al mismo tiempo,

porque una nube blanca pasa por mi memoria,

acaso después de quererte.

Después de todo y más aún, después de nada,

pongo en movimiento los astros y los besos,

los ojos que abandonan contigo soledades

porque voy, como siempre, a la playa del llanto

buscando abrir los candados del destierro

y alineo el paso a la vida, porque así lo sé escrito,

porque así camina el hombre que me habita.

Después de todo, al final,

la guadaña siempre precede a la muerte.