María Victoria Pablos Lamas

Reflexiones desde la ventana

Ni ratón, ni león

MARÍA VICTORIA PABLOS LAMAS

No sé cuánto tiempo ha pasado. El sonido de un golpe me devuelve al ahora. Se me acaba de caer el libro de las manos.

Soñar es dejar de estar presente en la realidad construyendo castillos en el aire, pero, a veces, es alcanzar metas.

Nuestras habilidades ocultas afloran en momentos de dificultad para recordarnos que nunca nos conocemos lo suficiente.

Piensen ustedes en su propio momento oscuro, piensen que cómo la vida se encarga de abrirnos una pequeña ventana desde la cual nos va a llegar la brisa y la luz.

Estoy segura de que usted está sonriendo en este momento.

Nunca estamos solos y tampoco estamos del todo perdidos, aunque de vez en cuando la curva de nuestro viaje nos deje indefensos. El desequilibrio forma parte de la realidad. El vértigo desata nuestras emociones agitadoras. Así vivimos.

Sabemos que el terremoto no dura eternamente, pero, hay que templar el desgaste que trae consigo y resulta difícil soportar ese pulso de desajuste.

No conozco a ninguna persona que no manifieste sufrimiento en su lenguaje corporal, aunque muchas personas llevan sus enormes cargas en silencio.

Afortunadamente somos como el ave Fénix, y nos regeneramos con la frecuencia necesaria. A veces esa regeneración es progresiva. Sin duda lo primero que vamos a sentir es el equilibrio y el arraigo de nuestros pies en el suelo. Ese momento fundamental nos predispone a creer que podemos con todo lo que vaya a suceder. Y es la señal de que lucharemos cada a paso, firmes y templados.

Ninguno de nosotros puede escapar de esa mezcla de fortaleza y debilidad.

Ni león ni ratón, sino una equilibrada mezcla. Por eso la humildad será un buen constructor de equilibrio.

Como observadora incansable de personas y momentos, sonrío pensando en ellos. Más, soy consciente de que veo y siento una parte solamente y que mucho de lo implicado se me escapa. La vehemencia tiene límites.

Parte de ese desconocimiento invisible está formado por la red de personas que nos cuidan y que cuidamos. Esa parte fundamental, siempre móvil y siempre activa nos ancla al mundo y nos refuerza la integridad.

Desde mi posición de observadora y de equipo, me encanta favorecer impulso o caricia. A veces puedo actuar como luz clara para enfocar, no existe nada comparable en el mundo a ser un silencioso cómplice para rozar o alcanzar sueños.

Y aquí es donde podría escribir sobre reencuentros, sobre asomarse a abismos, sobre navegar sin ser marineros, sobre vivir una pesadilla por primera vez, y también por segunda vez, sobre consolidar metas, sobre sanar duelos, sobre volvernos invisibles, sobre sufrir injusticias... Pero, entiendan que la intimidad de las personas merece mi completo silencio. Si de verdad valoramos ser parte de la red así debe ser siempre.

No dejo de agradecer el necesario lazo invisible que nos estrecha a seres maravillosos.

Y por si lo que les acabo de contar fuera poco, además tenemos la segunda acepción de la palabra soñar, esa de construir castillos en el aire... Que tiene que ver con las proyecciones en el mañana, con los atrevimientos razonables o no, y cómo no, tiene que ver con los anhelos.

Anhelar es una manera de querer, pero implica la emoción, implica la predisposición plena... Si queremos anhelar bien debemos invertir energía y dirigir nuestro rumbo. El paso firme, si puede ser, el rumbo bien marcado y la constancia.

Y estén donde estén yo les invito a anhelar para que mañana estén en un lugar aún si cabe más maravilloso. Y que sea libres y plenos.

Dedicado a todos los que al leer sonríen.