Reflexiones desde la ventana

El poder del que mira

MARÍA VICTORIA PABLOS LAMAS

Son las ocho de la mañana del 17 de abril del 2022. Comienza el Chíviri de este año.

Anoche me costaba dormir por la emoción de saber que estaba apuntando el momento.

Tengo más tristeza que los últimos, sobran las explicaciones. Si usted está sonriendo sepa que sonrío también.

El camino de la Semana Santa en Trujillo ha serpenteado entre forasteros, procesiones, y coches por doquier. Esas procesiones que retornaban con alegría indescriptible y con una maravillosa magia por parte de cada uno de los participantes. El rigor y el buen hacer de los cofrades hace que cada día tengamos más público en las calles.

Tengo la ventana abierta y la temperatura es maravillosa, los trinos de nuestros pájaros autóctonos no cesan. Ellos también están de fiesta. Me recuerdan que en esta parte del mundo la sencillez está imperantemente presente.

Contemplo los trajes ya preparados, los de todos. Han pasado cuatro horas y estoy deseando que nos empecemos a vestir. En mi mente estos días mi abuela Avelina que me vistió todos y cada uno de los Chíviri de sus días. Hasta recuerdo un año en que se puso ella mi traje un ratito en que la emoción le pudo.

En mi mente estos días, también 'mi abuela' Nina, que sin duda me ha estado mirando lo hacendosita que he estado estos días con las últimas puntadas.

Subimos a la plaza más tarde que otros años. La agitación es interna.

Muchas canciones, el sonido que exactamente, excelentemente caracteriza el Chíviri. Muchas personas. No tantas como imaginaba. Espacio entre todos. Bailes y saltos y también comida de alforjas y mochilas y bebida porque este regreso ha gozado de sol y de calorcillo.

Muchas personas que echaba de menos, y muchas personas reunidas siempre como antes, a rostro sonrientes y con abrazos reales.

Este es el Chíviri en el que hemos recuperado parte de nuestro enorme tesoro que es la vida y las reuniones espontáneas. El calor de nuestra gente con la cara desnuda, como debe ser...

Si yo tuviera que valorar no me pareció desmesurado en la plaza, recuerdo Chíviri más multitudinarios. Más, perdonen ustedes esta personal apreciación....

La emoción ha ido moderando mi tensión y me parece que en la plaza he llegado a relajarme y a sentir que no pasaba nada por ser y por estar disfrutando de todo. Dejando un poquito atrás los sinsabores aprendidos en estos dos años.

Tengo alegría, como cada Chíviri. Es más firme que en otros años, porque con cierto trabajo nos hemos recompuesto el ánimo para saltar y bailar.

Imposible olvidar el 'Trujillo de mis amores' qué lágrimas más bien lloraras por todos los que querríamos traer a Trujillo por el Chíviri. A lo largo de muchos días de la Semana Santa mis pensamientos para ellos. Con el color, los sonidos y el olor de las procesiones. Mientras planché cada prenda esta mañana. Ellos siempre estarán presentes porque los llevamos tan dentro que nadie nos los puede arrebatar.

Dedicado a los que leer sonríen. ¡A todos!