Reflexiones desde la ventana

'Las penas del joven Werther'

BEATRIZ CABRERA PORTILLO

Estimado alumno:

Dadas las 'buenas nuevas' que tenemos en educación en los últimos tiempos, tengo que contarte algo. Y además voy a empezar recurriendo a la sabiduría popular clásica que, aunque denostada, está plagada de moralejas que nos ayudan a entender un poco mejor la vida. Allá por el siglo XII a.c el príncipe troyano Paris, en un alarde de brillantez intelectual, tuvo la excelente idea de encapricharse de Helena, mujer del príncipe griego Menelao. Furibundo, Menelao, con ayuda de Ulises, emprendió rumbo a Troya para recuperar el rostro que lanzó mil naves, el de la bella Helena. Para ello, usó un caballo de madera vacío, entregado como presente a Troya, caballo que les permitiera penetrar en la ímprobamente protegida ciudad troyana y conseguir su objetivo. Te preguntarás qué tiene que ver este mito contigo. Pues mira, la última reforma educativa es precisamente eso: un caballo de Troya, un regalo envenenado para ti. Sí, desengáñate. Ahora te iré dando razones.

Empecemos por la raíz de todo. En la antigua Grecia, el 'paidagogos' era el esclavo que llevaba al alumno al 'gymnasium' y el 'magister' era el encargado de enseñar. De un tiempo a esta parte, parece que se han intercambiado los papeles y paradójicamente son los pedagogos los que instruyen a los docentes a enseñar. Eso tiene una clara repercusión en las políticas educativas que se van sucediendo, donde prima la emoción por encima de la razón y el conocimiento. Hemos entrado, con paso lento, en el Averno o lo que es lo mismo, en la posverdad y llamada alogocracia, donde los hechos no importan tanto como el subjetivismo que lleva consigo la opinión y las emociones. Como resultado obtenemos reformas educativas que suprimen las reglas de 3, los números romanos, el dictado y relegan la oferta obligatoria de la asignatura de Filosofía en 4 ESO a un plano de optatividad a criterio de cada comunidad. Sí, esa asignatura que es amiga (filo) del conocimiento (sofía), que nos ayuda a valorar una opinión discordante y a desarrollar un espíritu crítico que nos aleje de la manipulación, esa pierde fuelle en la ESO. Esto viene a recordarnos que vivimos en el periodo de la cultura de la cancelación donde todo lo que, a juicio de unos pocos, resulta molesto, se aniquila. Además, nos hemos acostumbrado al constante trazado de ideas maniqueas donde los grises no existen: todo es blanco o negro y a veces los grises ayudan a alejarse de la espiral de fundamentalismo desmedido en la que nos encontramos actualmente.

Y teniendo en cuenta que es en despachos y no en el aula donde se toman según qué decisiones, no es extraño ese fanatismo igualitario de algunos, especialmente cuando la igualación se hace por abajo. Con la reforma educativa, los boletines ya aparecerán sin calificaciones numéricas y las repeticiones de curso adquieren un carácter excepcional, con lo cual lapidamos irremediablemente la cultura del esfuerzo, convirtiendo los títulos de final de etapa en certificados de asistencia. ¿Habrá algún momento en el que se tenga en cuenta al alumno que se esfuerza, bien por su propia naturaleza curiosa o por su interés de optar a estudios superiores? Esto, lejos de promover la meritocracia, recibe con brazos abiertos a la ineptrocracia que ayuda a muchos a subir en el escalafón sin que hayan hecho nada por merecer el puesto que ocupan. Estamos creando generaciones con la piel muy fina donde no se puede decir esto ni aquello por miedo a hacer un daño irreparable en ellos, con situaciones tan distópicas como la que vive la profesora de matemáticas del cortometraje Alternative Math, de David Maddox, en la cual se le echa el mundo encima porque un alumno al que denominan 'librepensador' decide que 2+2 son 22. Esperemos que, con el nuevo enfoque socio-emocional de las matemáticas, no tengamos que ser testigos de ello. Porque, si no, agarrémonos a la fe y que Dios nos pille confesados.

¿Qué está sucediendo con la figura del docente en España? Produce verdadero vértigo, a la vez que impotencia, observar cómo estamos ante una imparable pérdida de autoridad del profesor cuya imagen se ha visto empañada en los últimos tiempos con comentarios del tipo «no han trabajado durante el confinamiento» cuando los correos en Rayuela durante esos meses parecían maratones de partidos de tenis. Tampoco hemos de olvidar que, mientras la pandemia azuzaba con más fuerza y se seguía teletrabajando, los docentes recibían a más de 22 alumnos en una sola clase cuando había comercios que no permitían el acceso a más de 2 clientes. A eso hay que sumarles los métodos de ventilación: ventanas abiertas de par en par en días de lluvia y frío mientras en los pasillos del Congreso aparecían luciendo sus 'outfits' más 'chic' de la nueva temporada estival.

Pues ahora dicen premiarte con un bono cultural de 400 euros, cuyo único mérito, según parece es haber alcanzado la mayoría de edad. Claro, teniendo en cuenta que es ese hito generacional el que se elige como punto de partida, permítannos pensar que huele un poco a política mitinera. Curiosamente, como ya viene sucediendo con plataformas como Netflix, también en ese bono tienen sugerencias para vosotros de lo que consideran cultural y lo que no.

Y como me suelen gustar las construcciones en anillo, concepto que por cierto me enseñó mi profesora de griego con la que tanto aprendimos mi hermana y yo, terminaré con otro mito para ti, mi estimado alumno: en este caso el de la caja de Pandora. En él, otro presente (una caja) y la curiosidad de una mujer (Pandora), condenó al ser humano a todos los males del mundo, a todos, excepto a uno: la esperanza. De ahí que digan que es lo último que se pierde. Supongo que, como todo en la vida, 'In Niz Bogzarad', todo pasará. Espero que, por tu bien, todo pase.

Atentamente,

Beatriz