Reflexiones desde la ventana

Momentos auténticos y personas especiales

MARÍA VICTORIA PABLOS LAMAS

Estamos cerquita cerquita 31 de diciembre, aunque ustedes mantengan poco contacto con los medios de comunicación, les llega por todos lados, incluso desde su interior, la necesidad de mirar, sentir, hacer balance y despedirnos.

Quién, en estos momentos del año, no ha sentido tristeza sin saber por qué o por quién. Es Navidad e inevitablemente echamos de menos momentos auténticos y a personas especiales.

A lo largo de nuestra vida va creciendo esa apreciación, y con ello sumamos emociones a nuestra memoria personal; cuántos más años tengamos, mayor cúmulo de nostalgia.

Y detrás de la nostalgia, escondida vendrá la frustración con un dolor envolvente debido a lo irrecuperable. Por unas cosas o por otras, nos toca echar de menos y lidiar con ello, todo lo bien que podamos.

Por ello mi suspiro... Nada desaparece sin dejar un espacio disponible pero, correremos el riesgo de sentirnos 'vacíos'.

Yo sé que a ustedes les sucede lo mismo que a mí y que todo lo que les voy a describir nos hace inseparables. Particularmente, comienzo cada Navidad observándome, mirando hacia dentro.. Intento descifrar mi emoción: cuánto más incalificable, más mezclada y más difícil me resulta el proceso. Persigo el fin de aislar las pinceladas que nos están aportando el desasosiego. Si se fijan bien, aparecerán tintes reconocibles: sobre situaciones, sobre personas, sobre ilusiones... Pueden ser tantos como gotas de lluvia en una tormenta. No se sientan abrumados y otórguenles la atención necesaria. Gota a gota, paso a paso.

Les pongo un ejemplo. Yo nací con cuatro abuelos pero, la vida me proporcionó cuatro más. En estas fechas yo recuerdo a cada uno; recuerdo su energía bonita, sus miradas, sus ojos, sus manos... Incluso me emociono si hace falta. Otorgar de reconocimiento y gratitud y 'compartir con ellos' ese espacio emocional, me da paz y calma. Es mi manera hacer balance y agradecer la energía y las vivencias que compartimos. Sus sillas van a seguir vacías pero, en mi corazón solo habrá gratitud. Y así suelo hacer con cada momento que me trae nostalgia. Porque si rasco un poquito... Encuentro energía maravillosa. Y siempre pienso en que evitar ese conocimiento, ese momento o esa persona no sería razonable para acallar ese dolor. Porque no se debe mutilar lo que dota de tanto sentido a la vida, no para evitar el dolor.

Mucho mejor sentirnos inmensos, agradecer los hechos o las personas y hacerlo siempre, aunque este sentimiento a veces se torne suplicio. Porque querer mucho, a veces, deja heridas y el dolor es desolador.

Debido a la sensibilidad navideña, muchas personas tenemos los ánimos agitados, tanto la alegría como la tristeza. Y en ese caldo ¡hala conecta y embébete de realidad! ¿Sabes que caminas sobre un campo de minas? Venga, queda prohibido detenerse.

Cada persona está luchando su batalla particular, pero en navidad todos deseamos un poquito más de calma, un poquito más de sinceridad y autenticidad sin límites. Y lo que mejor puede ayudarnos a encontrar nuestro sitio es volvernos cómplices de la felicidad de otros, porque sin duda la nuestra tendrá destellos de verosimilitud.

Como ven, toda la parte sensacionalista y materialista me la salto ( es que no se me da bien meterme en fangales).

Creo en las miradas, creo en los abrazos, creo en las manos que cocinan con cariño, creo en los recuerdos, creo en las tradiciones familiares, creo en la alegría de los niños, y quiero creer en cosas nuevas por encima de todo todo lo demás. Lo hago convencida de que la energía que me acarició otras navidades sigue envolviéndome.

Dedicado a los que al leer sonríen, deseando que les llegue un poquito más de calor al corazón.

Permítanme dedicarles hoy el artículo a las personas que en Trujillo llevan haciendo con tanta ilusión y cariño el programa del Mochuelo. Gracias por darnos los motivos para soñar con un Trujillo mejor. Un besito enorme al cielo