Isidro Moreno, junto a Kin Paredes

Reflexiones desde la ventana

Kin, un año

ISIDRO MORENO

«No era más que un zorro, semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es el único en el mundo» (El Principito, Antoine de Saint- Exupéry)

Hoy, entre otros muchos recuerdos, me han venido a la cabeza las obras de teatro que realizábamos con Nuestros amigos de Caritas; El Principito, Tiempo de Espadas o El Tartufo de Moliere, donde no solo se trataba para ti y para mí de realizar o interpretar algo, sino de aprender de la vida y no fueron pocos los jirones de piel y enseñanzas que nos dejamos en el camino.

Por eso, al recordar cómo te marchaste hace un año, me gustaría robarte del sitio al que te fuiste y traerte de vuelta (como dice Dani Martín) y volver a revivir lo que vivimos. Me enorgullece contrastar que un año después tus amigos te seguimos echando de menos, pues hay huecos que jamás se llenan y aprendizajes que no fructifican como yo sé que a ti te gustaría. Tú que creías en la ciencia, te hubieras vacunado tantas veces como hubiera hecho falta y, probablemente, hoy estarías entre nosotros, recordándonos que el negacionismo no es más que otra forma de estupidez.

En todo este tiempo he leído y oído que eras una persona afable, agradable, simpática, generosa, bondadosa, (vamos, como decía Rubalcaba que en España sabemos elogiar a la gente cuando falta). Qué lástima que muchas de esas virtudes no te las hubieran dicho en vida; es más, amigo, pienso que si hoy te presentaras a las elecciones serías, como mínimo, presidente. (Seguro que mucha gente no entenderá esta broma nuestra).

Me atrevo a decir que a mí me has dejado algo vacío y, sí, pienso que eras generoso, bondadoso, buen amigo de tus amigos, etc.… pero, sobre todo, hoy quiero resaltar a un ser solidario (con tus trabajos en las ONG), colaboracionista con causas en las que tu creías. Recuerdo el entusiasmo con que me hablabas de tu último trabajo con tus alumnos, el de 'la puerta violeta de Rozalén'. Entregado en tus facetas más personales con tu familia a la que adorabas y a tu mujer con quien compartías tu vida de una forma plena y satisfactoria.

Hoy, más que nunca, me vienen a la memoria vivencias muy personales, en las que juntos aprendimos a reír, a llorar, a pasarlo bien ante cualquier circunstancia o adversidad por mala que fuese; en resumen, a disfrutar este rato que es la vida, como tú sin duda supiste hacer.

Recuerdo cómo disfrutamos nuestros viajes, como nuestra Escapada a Valladolid con el amigo Carlos, donde con 50 duros de los antes nos apañábamos, para pasar tres días inolvidables. O tu viaje a Salamanca para pasar conmigo un fin de semana y cómo a algún amigo le hicimos pensar que éramos hermanos… Y, por supuesto, aquel viaje a tu Alcalá de Henares para una manifestación estudiantil, donde defendíamos lo que considerábamos justo o comenzamos nuestros primeros escarceos políticos.

En fin, sin querer ser pesado, podría estar contando cien mil anécdotas junto a ti. A mí sí me han servido y me seguirán sirviendo, aunque no sea más que para seguir apurando la vida como tu supiste hacer.

Por último, no querría dejarte sin mencionarte otra frase de El Principito que a los dos nos encantaba:

«Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Los amigos son un bien muy escaso, tener amigos de verdad es algo muy difícil de encontrar»

Y YO TUVE LA INMENSA SUERTE DE ENCONTRARTE A TI, AMIGO MÍO.