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Francisco Mateos
Guernica, Auschwitz y Gaza. El triunfo de Hobbes

Guernica, Auschwitz y Gaza. El triunfo de Hobbes

El 27 de abril se cumplen 89 años del bombardeo de Guernica. Uno de los primeros usos de técnicas industriales y militares para atentar contra población civil. Algo parecido sucede ahora en Gaza

Francisco Mateos

Martes, 16 de abril 2024, 07:06

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El bombardeo fue perpetrado por la aviación alemana en 1937, durante la Guerra Civil española. En ese momento, tras la profunda crisis en la que se sumió Alemania finalizada la I Guerra Mundial y gracias a 4 años de gobierno totalitario, a Hitler ya le había dado tiempo a convertir a su país en una potencia militar e industrial con el que ayudar a sus aliados.

Aunque nunca hubo un recuento oficial de víctimas, el número de muertos y heridos debió ser muy elevado. La ciudad, de 5.000 habitantes, fue destruida en un 75% gracias a una estudiada táctica en el uso de bombas de 250 Kg primero y de bombas incendiarias después, con el fin de conseguir la máxima destrucción posible. Los propios dirigentes nazis consideraron la operación, como un ensayo de las técnicas industriales y de las estrategias militares que posteriormente utilizaron masivamente en el resto de Europa.

En 1945, finalizada la II Guerra Mundial, el mundo entero se estremeció tras enterarse de las atrocidades cometidas por los nazis en Europa. Principalmente contra el pueblo judío, pero también —no lo olvidemos— contra cualquier otra minoría susceptible de contaminar la pureza de sangre de la raza aria (gitanos, eslavos, homosexuales, enfermos mentales) y también contra sus enemigos políticos (demócratas, socialistas y comunistas).

Se calcula que en la II Guerra Mundial perecieron entre 50 y 100 millones de personas en ambos bandos, entre victimas militares y, sobre todo, civiles

Los juicios de Nuremberg sacudieron las conciencias. Dicho proceso, que en buena medida fue el germen del actual sistema de justicia internacional, -que asiste impasible a los sucesos de Gaza-, contribuyó a que el mundo se escandalizase al conocer la escala de la matanza y se horrorizase al saber que, en aras de obtener la máxima eficiencia en el exterminio de seres humanos, se usaron los más modernos métodos de organización, además de los últimos avances científicos y técnicos en física, química, transportes y logística.

Los nazis identificaron a muchas de sus víctimas gracias a un censo realizado con máquinas tabuladoras Hollerith, antecedente mecánico de los actuales ordenadores digitales. Una vez detenidos, eran deportados en trenes con vías construidas al efecto hasta el interior de los campos de exterminio, siguiendo estrictos horarios de transporte para minimizar costes.

Para evitar el sufrimiento psicológico a las tropas alemanas, obligadas a fusilar a cientos de hombres, mujeres y niños al día, se diseñó un sistema de envenenamiento masivo en falsas duchas colectivas con un potente gas letal de reciente invención, el Zyklon B. Los cadáveres eran finalmente incinerados en modernos hornos industriales.

Un proceso industrial de exterminio que en su máximo apogeo pudo llegar a procesar a 10.000 personas e incinerar 5.000 cadáveres al día en turnos de 12 horas. Todo perfectamente calculado, orientado a eliminar eficientemente el máximo número de personas en el menor tiempo y con el mínimo coste al menor coste posible.

Con 1000 kg de Zyklon B, los nazis podían asesinar a unas 250.000 personas en un campo de exterminio

Finalizada la guerra, una gran parte del pueblo judío se organizó de una forma realmente envidiable en un rincón perdido y seco del mar Mediterráneo. Acosado constantemente por motivos territoriales y religiosos por sus vecinos, el Estado de Israel consiguió convertirle en uno de los países más prósperos de Oriente Medio, actualmente puntero en temas de seguridad y en tecnologías de la información, a la zaga de Silicon Valley.

Sin entrar a detallar los complejos aspectos del conflicto árabe-israelí que comenzó en 1948, el caso es que, en octubre de 2023, tras uno de los más crueles y sangrientos atentados que, en una zona tan azotada por la violencia se recuerdan, el grupo terrorista palestino Hamas asesinó a más de 1500 civiles israelíes, principalmente mujeres y niños indefensos.

Tras esa terrible e injustificable barbarie, Israel comenzó una operación militar en la franja de Gaza, habitada por más de 1 millón de personas, con el objetivo de localizar y eliminar a los responsables de la matanza y acabar con la capacidad militar de Hamas.

Así es que 80 años después, en un inesperado giro de los acontecimientos, el perseguido se ha convertido en perseguidor. De la misma forma que los alemanes usaron contra los judíos los más modernos sistemas industriales de la época, el ejército de Israel está utilizando los más recientes avances en tecnologías de la información para perseguir a los terroristas.

Convertir la inteligencia artificial en un arma, reduciendo el papel esencial del ser humano, desdibuja la rendición de cuentas en los conflictos bélicos

Como ha denunciado el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, Israel está usando avanzadas técnicas de inteligencia artificial en su campaña contra Hamas. Según desvelan algunos periodistas, los servicios de inteligencia de Israel usan bases de datos con información recopilada en redes sociales para una primera búsqueda de potenciales terroristas. Posteriormente utilizan potentes sistemas de reconocimiento de imagen para asignar de forma masiva los objetivos. A continuación, avanzados algoritmos seleccionan e identifican a los terroristas a eliminar, que son preferiblemente bombardeados por la noche en sus domicilios.

El sistema acepta un margen de víctimas colaterales admisibles de 15 o 20 personas cuando se trata de militantes de base, pero admite hasta 300 si el objetivo es un alto mando. Según el objetivo, unas veces son usadas bombas de gravedad (más económicas) y otras utilizan modernos drones controlados por control remoto.

Durante el Holocausto, los nazis aprovecharon económicamente todos los efectos personales de sus víctimas como abrigos, maletas, enseres, gafas, pendientes, anillos, piezas dentales de oro e incluso el cabello. En la actualidad, el Israel se está beneficiando económicamente del sufrimiento de los civiles de Gaza, probando sistemas armamentísticos que luego son comercializados internacionalmente como 'testados en combate'.

¿Crímenes contra la humanidad o legítima defensa?

Con un promedio de 3,5 civiles asesinados, por cada terrorista abatido, la operación del ejército israelí en Gaza parece haberse convertido en un exterminio en toda regla. ¿Ha pasado el pueblo judío de victima a exterminador, o simplemente está ejerciendo su derecho a la legítima defensa?

En cualquier caso, si comparamos las fotos de la ciudad Guernica, destruida en 1937 con las de Gaza en la actualidad, observaremos que el nivel de destrucción es escalofriantemente asombroso. Como ya ocurrió en Guernica en 1937, esperemos que Gaza no se convierta en el campo pruebas de avanzadas técnicas de guerra del siglo XXI, basadas en el uso intensivo de técnicas de inteligencia artificial, que luego puedan ser utilizadas a gran escala.

De la misma forma que ocurrió con la dinamita, el cloro, la fisión nuclear o los satélites, los avances científicos o técnicos pueden ser usados para mejorar la vida de las personas o para acabar con ellas. La inteligencia artificial tiene el potencial de ser una invención con la capacidad de hacer avanzar a la humanidad o para destruirla, todo depende de cómo la usemos.

Muchas cosas han cambiado desde 1937, pero el propósito de los seres humanos de usar los últimos avances científicos para dañar a sus congéneres no ha sido una de ellas. En este sentido, Hobbes ha triunfado. El hombre, sigue siendo un lobo para el hombre.

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