Juan Andrés Fernández, junto al Mercado Regional de Ganados. / JSP

«Trujillo es un referente ganadero desde la Edad Media»

El Colegio de Veterinarios de Cáceres le nombró recientemente presidente de honor por su trayectoria

Javier Sánchez Pablos
JAVIER SÁNCHEZ PABLOS

«Para esta edad, no puedo quejarme». Así lo afirma Juan Andrés Fernández y lo hace tras llegar en su coche y, con paso ligero, dirigirse a un lugar tranquilo para tener una larga y amena conversación con HOY. Con sus cien primaveras (nació un 23 de abril de 1920 en Alcuéscar), no utiliza gafas y tiene entre manos uno de los libros escritos por el alcalde trujillano, José Antonio Redondo, que le ha regalado. Afirma que se tiene que vigilar la tensión, «poco», ya que se abstiene de pocas cosas.

Este veterinario de profesión lleva ya una vida tranquila, más aún si cabe por culpa del coronavirus. No le falta el paseo diario por la mañana y por la tarde. También en la medida que puede va a la misa de ocho. Esa tranquilidad de ahora dista en gran medida de la gran actividad que ha tenido en su vida profesional. Tal es así que el Colegio de Veterinarios de Cáceres le ha nombrado recientemente presidente de honor de la corporación.

Don Juan Andrés, como le llaman algunos compañeros y vecinos, especifica con cierto pudor que quizá le han valorado que siempre ha sido una persona honesta, que trabajó en defensa de su profesión.

Desde joven ya mostró inquietud. Así lo recuerda con una memoria privilegiada. Cuando terminó Bachillerato, se alistó en el Ejército y participó en la Guerra Civil en el bando nacional. Era el año 1938. Fue destinado a Mallorca como alférez. Se sacó la carrera de maestro de escuela. Sin embargo, tuvo una enfermedad tuberculosa y nunca se pudo incorporar. También consiguió ser oficial técnico de Comunicación en Zaragoza. Su ánimo de prosperar aún más le hizo sacarse la carrera de Veterinaria. Para ello, eligió León, ya que, «en época de hambre, era donde mejor se comía», asegura.

Su primer destino

Su primer destino fue Casar de Cáceres, como inspector municipal veterinario. Tras siete meses y ganar unas oposiciones, se trasladó a Coria del Río, en Sevilla. Después de siete años, consiguió cambiar la plaza con un colega andaluz, que estaba en Extremadura. Ambos querían acercarse a su tierra.

Tomó posesión en Trujillo en 1955, población en la que ya no se ha movido. En aquella época, eran tres veterinarios titulares dependientes del Ministerio. Llevaban la atención al matadero, la inspección del comercio de comestibles, la prevención o control de la epizootia y de los movimientos animales. No faltaban trabajos también con los caballos y burros, entre otras labores.

A pesar de sus vastos conocimientos, «la veterinaria, hoy en día, ya no la conozco». Apunta que antes los profesionales veterinarios «éramos los justos para cubrir la península». Ahora, hay un gran número, lo que ha provocado que se hayan tenido que buscar otra forma de vida, como son los animales de compañía, comenta.

A lo largo de su vida, este trujillano centenario ha estado muy implicado con la cabaña ganadera de la zona. Destaca la importancia de la tradición ganadera de la ciudad. «Trujillo es un referente ganadero desde la Edad Media». En su época, siempre fue importante el movimiento del ganado lanar, con la trashumancia.

Las ferias

También rememora con cierta añoranza la gran relevancia que tuvieron las ferias ganaderas en Trujillo. Una de las más importantes se celebraba en junio. Sin embargo, ahora se ha convertido en unos días con atracciones para los más pequeños. Señala que había una gran movimiento de ganado y, por tanto, de dinero. También había feria en el mes de marzo, así como en septiembre y en noviembre.

Estuvo muy implicado en el Mercado Regional de Ganados, formado en un principio por cinco naves diáfanas. «Se conoce que el arquitecto que hizo el proyecto se fijó en los mercados del norte, donde va el paisano con una vaca y la lleva tranquila, pero aquí el ganado es recio», explica. Ante esta situación, una comisión de la que formó parte convenció al director general de Ganadería para que se invirtiera 12 millones de pesetas para adaptar el recinto al ganado de la zona.

En esta larga conversación, este veterinario tiene claro que quiere hacer una especial mención a los primeros años de las exposiciones y venta de ganado selecto que se celebraban en Trujillo y, concretamente en este Mercado Regional. Aunque no era su principal cometido, siempre colaboró con estos certámenes. En un principio se celebraban en septiembre. En la primera edición, «todo Zafra estuvo aquí».

Debido a la repercusión que tenían, decidió hacer una memoria comparativa, escrita a máquina, entre certámenes de Trujillo, Zafra y Madrid del año 1981. «Me costó Dios y ayuda sacar los datos», apunta. Casi 30 años después, todavía conserva este informe. Entre otras conclusiones, destaca «el porvenir y la importancia que podía tener la feria trujillana en relación al resto de ferias más cercana y, sobre todo, de Zafra».

Opina que fue un error cambiar el certamen de fecha y hacerlo en noviembre. «Estaba en situación de haber sido el mejor mercado de España», apunta. De hecho, no comparte la evolución que ha tomado el certamen ganadero trujillano. Cree que ha ido a peor, aunque «los tiempos cambian y las circunstancias no son las mismas».

Ahora, alejado de esas luchas, intenta seguir con esa vida tranquila. Curiosamente, en esos paseos vespertinos, hace una parada en ese Mercado Regional, pero ahora para tomar un café. La vitalidad no la pierde.