Juan Carlos Milla, nuevo párroco de la ciudad trujillana / JSP

«No podemos caer en la rutina en el anuncio del Evangelio»

El sacerdote Juan Carlos Milla ya trabaja como nuevo párroco en la ciudad trujillana

Javier Sánchez Pablos
JAVIER SÁNCHEZ PABLOS

Juan Carlos Milla ya estuvo en la ciudad trujillana un año como diácono y tres como vicario parroquial, junto con el sacerdote José Conde, en la parroquia de Santa María y San Francisco. En sus recuerdos, también está su papel de capellán del C. F. Trujillo, además de participar en sus entrenamientos y de jugar al fútbol sala en la liga del momento. El 12 de septiembre de 2004 salió hacia Don Benito. Después de 17 años y tras desempeñar diferentes responsabilidades, este sacerdote ha vuelto a Trujillo ya como párroco único, sustituyendo a Eugenio Albalate. Seguirá acompañado por Juan Manuel García como vicario parroquial. Millas compaginará esta faceta con la dirección del Instituto de Estudios Teológicos Pastorales San Fulgencio.

El nuevo párroco reconoce que fue una grata sorpresa cuando le comentaron cuál iba a ser su nuevo destino, en el que tomó posesión hace ocho días. Explica que vuelve a la ciudad trujillana con más madurez, al menos, eso espera, por la inversión realizada por la Diócesis de Plasencia en su preparación, además de haber conocido otros campos pastorales. «Espero que haya quedado un poso que repercuta en la comunidad cristiana de la ciudad trujillana y en ese diálogo entre la sociedad y la Iglesia, entre la cultura y la fe y entre la razón y el Evangelio», especifica.

Continuar con la labor

Su intención es continuar con la labor ya iniciada por Eugenio Albalate en esa unión pastoral. Hay que recordar que cuando Juan Carlos Milla estuvo en Trujillo, había dos parroquias y dos formas de gestión. Ahora «hay una unidad en todo y eso ayuda mucho, pero también da más responsabilidad, más trabajo y, sobre todo, más ilusión».

Insiste en que esta nueva faceta va a ser «una aventura apasionante». Remarca que, bien con un párroco, bien con otro, no cambia el mensaje. «El Señor es el mismo», sostiene. Uno de sus objetivos es cuidar a las personas que hay alrededor y estar atentos a sus inquietudes, a sus necesidades y a las novedades que hay. Juan Carlos Milla también resalta que también hay que estar atentos al mensaje que se transmite en la sociedad y en la vida pública. Igualmente, aboga por aprovechar los medios técnicos y digitales. «No podemos caer en la rutina en el anuncio del Evangelio», apunta.

Una de sus intenciones es reunirse con todos los colectivos religiosos. Con algunos de ellos ya lo hizo la semana pasada y con otros lo hará esta semana. No obstante, recuerda a estas agrupaciones que el párroco «viene como aquel que ayuda en la coordinación». Considera que no se trata de imponer nada, ya que cada formación tiene su responsabilidad y cada uno tiene que estar a la altura de lo que le corresponde. «Lo importante es la unidad y la comunidad cristiana», además de diálogo y la colaboración, sostiene. Con esos principios, cree que su papel es estar al servicio de la comunidad y, en ese papel, en ocasiones, le corresponde orientar. Por todo ello, pide a todos paciencia para volver a conocerle.

Patrimonio

Juan Carlos Milla también habla del patrimonio religioso que tiene la ciudad y del turismo que visita ese patrimonio. Agradece la labor de sus antecesores, por la preocupación que han tenido para mantenerlo. Recuerda que la mayoría de las inversiones que se ha hecho para ese cuidado ha salido de la parroquia y del Obispado de Plasencia. Incide igualmente en que, gracias a los beneficios que ha dado el turismo, se han podido hacer obras parroquiales, caritativas y sociales. También ha servido para pagar a los trabajadores.

Su idea es seguir cuidando ese patrimonio y las necesidades parroquiales. Asimismo, se va a trabajar para dar el mejor servicio posible al turismo. «Sabemos que el turismo religioso es fundamental, si no hubiese, más del 50 por ciento del turismo no funcionaría en la ciudad». También recuerda que algunos años se celebran más de 40 bodas en las iglesias, con lo que supone para el sector servicios.

Por todo ello, «nos sentimos colaboradores con la ciudad trujillana, el patrimonio religioso no es nuestro. Pertenece a la iglesia pero repercute para la función del culto y cultural».

No tiene dudas de que será una persona que, tanto como sacerdote, como vecino, participará en la sociedad trujillana. «Soy cura pero también soy ciudadano. Esta es mi ciudad y mi gente y tan importante será cuidar los actos religiosos e invitar a los actos religiosos como poder disfrutar de todo lo que se realice en la ciudad en la vida cultural». Matiza que será una forma de estar presente, tanto personalmente, como representando a la Iglesia.