Liquidando el negocio. Juan Andrés y Mari Carmen ultimando los preparativos el pasado jueves para el cierre definitivo . / JSP

Cierra el último comercio de Belén

Este autoservicio ha sido un referente para muchos vecinos, sobre todo mayores

Javier Sánchez Pablos
JAVIER SÁNCHEZ PABLOS

A Mari Carmen le brillan los ojos de manera especial. «No quiero llorar, aunque sé que más adelante se me caerán algunas lágrimas», señala. Con algunas vecinas, sobre todo mayores, ya lo ha hecho, ante las muestras de cariño. Su marido, Juan Andrés y gerente del negocio, esconde mejor la emoción. Son las 19.45 horas, último día del mes de septiembre. Tan solo faltan unos minutos para que cierre definitivamente Autoservicio Mari Carmen, en Belén, después de casi 31 años abierto. Fue el pasado jueves. De este modo, este núcleo de población se queda sin ningún comercio. Los más cercanos ahora están en el casco urbano, a unos cuatro kilómetros.

Juan Andrés Vaquero y María del Carmen Fernández comenzaron a regentar este negocio en 1991, cogiendo la tienda que tenía el padre de ella. En aquella época, Belén contaba con unos 345 habitantes. Ahora, ronda los 170, según estos vecinos. Al poco tiempo, se quedaron solos como tienda. En 1994, hicieron una ampliación, convirtiendo el comercio en autoservicio, ofreciendo desde comestibles, incluso frescos y congelados, hasta productos de droguería, entre otros productos.

«Qué cómo sobrevive una tienda en una población pequeña, con mucha cabeza», explica el gerente. También recuerda que pertenecer a una cooperativa en Zorita les ha ayudado. Además, su mujer destaca que la población siempre les ha respondido. En la medida de lo posible, han tenido lo que necesitaba la clientela y eso ha provocado no hacer grandes desembolsos en mercancía. Han trabajado de lunes a sábado, librando los domingos. «No hemos tenido vacaciones durante 31 años», explica Juan Andrés.

Atención ante la covid

Los ingresos ya comenzaron a descender hace seis o siete años y, a pesar de todo, han ido aguantando. Reconocen que la situación de la pandemia les ha ayudado a mantenerse porque muchas personas se han dado cuenta de la importancia de los comercios de pueblo. «Durante el confinamiento y después, hemos llevado la compra a los vecinos y a la gente que ha estado contagiada. Tenían confianza en nosotros y a la gente le daba miedo salir», explican.

A pesar de ello, hace cinco meses decidieron tomar esa decisión dolorosa, que se ejecutó el jueves. «Las cuentas no salen y hay que cerrar», apunta con pena Juan Andrés. Matizan que si no hubiesen decidido cerrar antes, lo tenían que haber hecho ahora con la subida de la luz. El último mes pagaron 596 euros.

Referente

Para muchos vecinos, gran parte de edad avanzada, con este cierre pierden un comercio de referencia. De hecho, Mari Carmen ya se ha ofrecido para ayudar a distintas vecinas que, en los últimos días, se han acercado para despedirse con lágrima en los ojos. Recuerda que hay mujeres, ya nonagenarias, que la visita al autoservicio les servía de entretenimiento. «Actuábamos también un poco de psicólogos», remarca. «Ahora, nos tendremos que ayudar unos a los otros y dejarnos las cosas, como antiguamente», añade.

Pastori Barquilla es la presidenta de la Asociación de Mujeres de Belén. Resalta la importancia de este tipo de comercios en poblaciones pequeñas, así como el papel de este matrimonio a lo largo de los años. Ese cierre es «un ejemplo más de la España vaciada». Considera que el gran problema ahora es para la gente mayor, que no puede desplazarse, ni siquiera, en el autobús urbano. Algunas de estas personas, además, no tienen familia cerca. «Dependerán de los vecinos para hacer los recados», sostiene. Con un autoservicio cercano, «en cualquier momento se podía hacer la compra o, incluso, Juan Andrés o Mari Carmen te la acercaban».

Barquilla no tiene dudas de que uno de los problemas es la bajada de habitantes en pequeños núcleos de población como Belén. Por el contrario, la mayoría son personas mayores. Todo ello hace que los servicios se alejen. En la actualidad, Belén cuenta con un bar, una panadería y un botiquín en forma de farmacia, además del consultorio médico, atendido por el ATS a diario, añade Barquilla