50 años de un cura atípico en Huertas de Ánimas

El sacerdote José Blanco, con su capa y su sombrero característico de la tuna, junto a otros miembros del grupo./CEDIDA
El sacerdote José Blanco, con su capa y su sombrero característico de la tuna, junto a otros miembros del grupo. / CEDIDA

Jose Blanco cumple sus bodas de oro como sacerdote en este lugar. Se ha convertido en un referente para este nucleo de población por sus mensajes y sus hechos

Javier Sánchez Pablos
JAVIER SÁNCHEZ PABLOS

Todos tienen claro que es un cura atípico, incluso algo revolucionario con sus mensajes y sus hechos. Lo fue hace 50 años cuando llegó por primera vez a Huertas de Ánimas vestido de paisano, sin sotana, con sus características patillas y su guitarra colgada al hombro. Lo es también ahora, con algunas canas más. Igual se le puede ver celebrando una misa, que levantando un chozo, ensayando con su tuna, que confesando a unos novios. Así es el párroco de este núcleo de población perteneciente a Trujillo, José Blanco, don José para algunos y Pepe, para muchos.

El 30 de octubre se cumplieron las bodas de oro de su llegada a esta parroquia. Por ello, cientos de personas asistieron a un entrañable homenaje días antes. Contó con una eucaristía y hubo varias sorpresas. «Fue una alegría ver esa participación», sostiene este religioso.

Natural de El Torno, en pleno Valle del Jerte, fue ordenado sacerdote un 8 de junio de 1968. Con el paso del tiempo, ha tenido ofrecimientos de marcharse a otros lugares. Sin embargo, nunca se ha querido mover. «Estaba a gusto y tenía un futuro. Yo me he entregado y me he encontrado gente comprometida», explica. Blanco también lleva más de 20 años como párroco de Torrecillas de la Tiesa y ha llevado otras poblaciones, como La Aldea del Obispo y Robledillo de Trujillo, pero siempre desde Huertas de Ánimas.

Quienes le conocen, aseguran que la obra más importante de este cura es convertirse en «despertador de conciencias en Huertas. Ha sido el pastor del pueblo», añaden.

Choque

Su llegada supuso un gran choque. Su forma de decir misa, el modo de predicar o de mandar sus mensajes eran muy diferente a lo establecido. Este párroco recuerda que, poco a poco, había que desmontar tabúes sobre cuestiones que no se solían tratar, desde la sexualidad, hasta la propia educación. «Hablaba de un Dios misericordioso y no tanto juez y justiciero y eso chocaba mucho», explica.

Vecinos de Huertas de Ánimas dando las 'gracias' al sacerdote en la eucaristía del homenaje
Vecinos de Huertas de Ánimas dando las 'gracias' al sacerdote en la eucaristía del homenaje / CEDIDA

Este sacerdote señala que, desde los inicios, la prioridad fue trabajar con los jóvenes. Una de sus primeras obras fue la puesta en marcha del centro juvenil, tan recordado por numerosos vecinos. Él fue el primero que se puso al frente de esos trabajos y, junto a él, otros jóvenes. «Me di cuenta de que cuando alguien va por delante y pone sus manos, la gente se compromete». De forma paralela celebraba reuniones. «Hablábamos de que todos somos iguales en dignidad, que las personas valen más por lo que son y no por lo que tienen». El 2 de febrero de 1969 se inauguró este centro, que arrastró a muchas personas. Su eslogan fue 'Saber para servir'.

«Me di cuenta de que cuando alguien va por delante y pone sus manos, la gente se compromete»

«Se precisa no condenar, no juzgar y valorar máslo bueno, venga dedonde venga»

Muchos de esos jóvenes formaron la tuna de Huertas, promovida también por el sacerdote, que todavía perdura. El año que viene cumplirá 50 años. Con el sacerdote al frente, sale por las calles de Huertas de Ánimas cada fiesta patronal para rondar a damas y reinas. Tiene una gran tradición.

Blanco no solo se quedó con los jóvenes, también promovió reuniones con grupos de matrimonios a través de charlas. Recuerda que participaron expertos en diferentes materias. Además de con jóvenes y matrimonios, se puso además a trabajar con los mayores, para los que creó centro. «En definitiva, se trataba de agruparse, de quererse y hacer familia».

La ermita y el museo

Junto a esta labor pastoral, dos de los proyectos más llamativos vinculados con José Blanco son la ermita del Cristo de la Vida, con su romería, así como el museo etnográfico que lleva su nombre. Con sus propias manos y con su trabajo, junto al apoyo de números vecinos, los fueron construyendo. Ambos están situados en unos terrenos que se permutaron con el Ayuntamiento.

Integrantes de la agrupación Coros y Danzas Virgen del Rosario y otros vecinos, junto al párroco, el día del homenaje.
Integrantes de la agrupación Coros y Danzas Virgen del Rosario y otros vecinos, junto al párroco, el día del homenaje. / Cedida

Estas propuestas emanaron de la labor que se hacía dentro de la iglesia y fuera. El sacerdote insiste en que todo partió del mensaje que dice que «el referente debe ser Cristo, tanto de conducta como de amor».

Explica que, en un principio, esos espacios eran como un basurero. Gracias a la labor de los colectivos locales comenzó a convertirse en «un paraíso». De este modo, un lugar casi muerto empezó a echar raíces y a tener vida. De ahí, surgió la ermita del Cristo de la Vida. Seguidamente, se construyó ese museo etnográfico. Recrea un ambiente rural del siglo XIX y XX. Su principal promotor ha sido el propio sacerdote que actuó de peón albañil o cargando materiales, entre otras tareas. En ambos proyectos se contó con una gran implicación de los vecinos.

Junto a estas alternativas, Blanco reconoce que también, a lo largo de los años, se ha revitalizado diferentes componentes de las fiestas patronales. Ejemplo de ello es la novena, a la que acuden numerosas personas, grandes y pequeñas. Con ese fin, se ha intentado actualizarlas y potenciarlas, recuperando diferentes aspectos. «Procuramos implicar a la población», señala.

El secreto

Este sacerdote asegura que su secreto es intentar actuar como lo hizo Cristo. Por ello, defiende la igualdad entre las personas. Considera que hay que valorarlas por lo que son. «Si a una persona la potencias, la valoras para que se haga grande, esa responde», señala. No tiene dudas de que Huertas de Ánimas ha respondido a lo largo de los años. Quizá, en ocasiones, reconoce que ha podido ser ese despertador de valores y de conciencia que necesitaba la vecindad.

Con toda esa labor y con el paso de estos 50 años, Don José o Pepe se ha convertido en una persona muy querida y en un referente para muchos. Sostiene que se ha creado una simbiosis entre Huertas de Ánimas y su sacerdote. «Yo sin ellos, no podría ser el que soy y Huertas, posiblemente y lo digo con total humildad, algo bueno tendrá por haber estado yo», apunta. Cree que, en la actualidad, hay muchas personas comprometidas, con testimonios. «Huertas de Ánimas tiene mucha vida».

Cumplido medio siglo como sacerdote en Huertas, Banco sigue trabajando de forma intensa. Considera que en la actualidad esa labor debe estar enfocada a ser «despertador de despertadores». «Es lo que tenemos que cuidar ahora». Para José Blanco es una alegría que haya testimonios sin él.

A pesar del trabajo realizado, reconoce que existe una cierta regresión en la Iglesia en lo que se refiere a ideas y contenidos. Opina que se necesita más entrega y una simbiosis con la sociedad. «Se precisa no condenar, no juzgar y valorar más lo bueno, venga de donde venga». También pone de manifiesto que esa sociedad está cambiando y existe mucho más individualismo.

 

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