Reflexiones desde la ventana

Flores incandescentes para Loli

LAURA CASADO PORRAS

Ha nacido una estrella en el firmamento esta irrevocable mañana; es más que una fusión de gas incandescente de hidrógeno y helio, está llena de pureza y de amor. Suenan los ecos de las campanas en el infinito con un dulce vigor reverberante anunciando un réquiem para Manuela. El viento crepuscular de enero nos abriga de serenidad mientras que las claras lágrimas que vierten nuestras huérfanas ventanas del alma intentan acostumbrarse a los sonidos de la ausencia. Nos ha desvelado el tiempo de la paz eterna y ya solo quedan los níveos recuerdos que la vida nos ha ido regalando a su lado. Nunca fuimos más afortunados como cuando estábamos junto a ella y no necesitábamos más que sonreír a la levedad vital con un guiño de gratitud.

Nadie podrá acostumbrarse a la pérdida de su bella sonrisa; tampoco podremos reponer esta herida llena ya de rosas celestiales con ninguna suplantación real ni imaginaria, pero siempre nos quedará su recuerdo para acunar con nostalgia a la cicatriz del tiempo y para vivificar a lo que una vez estuvo junto a nosotros, riendo, soñando y aprendiendo a vivir con el coraje que la vida nos exige si queremos sobrevivirla con dignidad al final del camino, en el anochecer de la esperanza.

Nadie nos enseña cómo llevar con naturalidad la ausencia, tu ausencia, ni siquiera con el pasar del tiempo nos reconfortaremos del abrazo que acabamos de perder en la nada. De la sonrisa clavada en nuestros corazones, ni la eternidad ni sus frutos podrán arrebatárnosla jamás. Ayer reíamos ajenos a la danza del sortilegio de la vida. Nunca fuimos más afortunados como cuando estuvimos todos y ella brillaba con su luz cuajada de primavera, impregnada de un manto de amor hacia los suyos.

Esta mañana he recogido en el jardín de estrellas un puñado de flores incandescentes para Manuela. Para tía Loli. Cada flor que recogí me enseñaba una lección que solo ella, casi sin darse cuenta, me hizo aprender en su último canto a la vida. Cantábamos juntas, entonábamos una misma melodía, y ese canto conjunto ha sido el mayor presente que pudo entregarme y por el cual siempre me sentiré afortunada y agradecida. Había tanta sabiduría en la llama de sus ojos como resignación y fortaleza en su mirada; tanta verdad en su corazón que era imposible seguir viviendo sin el calor de su compañero más leal. Lo que une el amor no tendría que separarlo jamás la vida. Pero ahora ya vuelves a él libre de torbellinos hirientes, comenzáis por fin abrazados un baile que nunca tendrá fin.

La batalla ha sido ciclópea; una vida llena de entrega, de dolor y de amor; ¡qué misterio irrevelable teje juntos al amor y al dolor!; una vida plena en donde quedó tallado en fuego vivo el afecto de todos cuantos la conocimos, su recuerdo bien merecen que nuestras lágrimas se refugien en la melancolía eterna de su amparo. Nacen lirios con cada suspiro que lleva su nombre. Nacen rosas por cada sonrisa que nos entregó con el gracejo inigualable contenido en su ser.

Te vas y nos dejas llenos de ti; tu aroma vital es nuestro consuelo y nuestra más firme esperanza. Te vas, pero aquí te quedas junto a nosotros más presente que nunca. Te vas, pero nunca te irás del todo porque ahora brillas con más fuerza en nuestros corazones; ahora y por siempre vives dentro de nosotros para toda la eternidad.