El eterno retorno de la Odisea. Desde Bizancio hasta Nolan
Francisco Mateos Cotrina
Aunque la Odisea de Homero vuelve a estar en boca de todos gracias a la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan, este pilar de la literatura ... universal pasó cerca de mil años relegado al olvido. Su redescubrimiento fue en sí mismo una aventura intelectual protagonizada por referentes del Humanismo como Dante, Petrarca y Boccaccio.
La Odisea no fue olvidada por la humanidad en su conjunto, pero sí desapareció de Europa occidental durante casi mil años. Se mantuvo «viva» en Bizancio hasta que el movimiento humanista de los siglos XIV y XV la rescató y la devolvió a la cultural europea. Posteriormente, la literatura y el cine han consolidado su condición de obra inmortal.
Imperio Bizantino: Donde Homero nunca murió
Mientras que en Europa occidental el poema se volvía inaccesible, en el Imperio Romano de Oriente ocurrió todo lo contrario. En Constantinopla, la Odisea jamás se olvidó. Los estudiantes aprendían gramática, retórica y moral copiando y analizando los versos de Homero.
En el siglo XIII eruditos bizantinos escribieron extensos comentarios sobre la obra, preservando los manuscritos griegos originales que más tarde salvarían el texto.
Edad Media en Europa Occidental: El largo eclipse del griego
En la Europa occidental, España incluida, la situación fue totalmente distinta tras la caída del Imperio Romano de Occidente.
El conocimiento del griego clásico desapareció casi por completo. La Iglesia y la cultura escrita se articularon exclusivamente en latín. Ni la Ilíada ni la Odisea fueron traducidas íntegramente al latín durante la Antigüedad tardía o la Alta Edad Media.
Una de las primeras referencias en Occidente la proporciona Dante Alighieri, quien afirmó conocer a Ulises (Odiseo), aunque de forma indirecta a través de autores como Virgilio (en la Eneida), Ovidio o resúmenes en latín muy alterados.
Es el propio Dante, en la Divina Comedia quien coloca a Homero en el Limbo como el «poeta soberano» y a Ulises en el Infierno, reflejando la visión negativa del héroe astuto, muy diferente de la simpatía con la que Homero lo retrata.
Caída de Constantinopla. El rescate
El retorno de la Odisea a Europa occidental fue un proceso gradual impulsado por el deseo de los humanistas italianos de recuperar las fuentes originales. El primer intento lo protagoniza Petrarca en el siglo XIV, quien consiguió un manuscrito griego de Homero. Junto con Boccaccio, contrataron a un erudito calabrés para que hicieran la primera traducción de la Odisea al latín.
Sin embargo, Petrarca y Boccacio no quedaron muy contentos con el resultado. La traducción literal del original realizada por el experto en griego Leoncio Pilatos, perdió toda la belleza poética del original.
Tras la caída de Constantinopla en 1453, cientos de sabios griegos huyeron a Italia llevando consigo sus valiosas bibliotecas llenas de manuscritos antiguos. Casi simultáneamente, la invención de la imprenta de tipos móviles de Gutenbert en esa misma década, facilito que en Florencia en 1488, se imprimiese la primera edición comentada de las obras completas de Homero en griego.
La Editio Princeps, de la que se imprimieron unos 200 ejemplares, es hoy una codiciada joya bibliográfica. Actualmente se conservan unos 70 ejemplares, la mayoría en las principales bibliotecas públicas nacionales. En España tenemos tres: en la Biblioteca Nacional, la Biblioteca de San Lorenzo del Escorial y en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca.
Junto con la Biblia de Gutenberg, la Princeps de La Odisea es uno de los incunables más valorados por los especialistas.
Ya durante el siglo XVI, la Odisea comenzó a traducirse al italiano, al francés, al español y al inglés, consolidándose definitivamente en el canon de la literatura occidental.
Así, la Odisea ha llegado hasta nuestros días considerada como uno de los textos fundacionales de la literatura occidental. La primera novela de aventuras. Una epopeya sobre la condición humana a la que casi todas las obras cumbre de la literatura occidental, desde La Eneida hasta el Quijote, deben tributo.
La Odisea en la literatura actual
Desde el nacimiento de la Filología Moderna en el Siglo XVIII, el texto ha sido comentado, adaptado y reinterpretado hasta la saciedad. Cada generación de autores ha rescatado y moldeado a Ulises a su imagen y semejanza para trasladarlo hasta la actualidad.
Durante el Renacimiento y Siglo de Oro se interpretó como manual político, de comportamiento y de moralidad que consideraba a Ulises como el hombre prudente que resiste las tentaciones del mundo, representadas por Circe o las Sirenas. En La Ilustración se revalorizó como el triunfo de la razón sobre los monstruos y la superstición.
Ya en el Siglo XX James Joyce (Ulises, 1922), despoja al mito de su épica convirtiendo a Ulises en Leopold Bloom, un hombre común que pasea por Dublín sufriendo sus propias pequeñas tensiones cotidianas.
En «El silencio de las sirenas», Frank Kafka reinterpreta el texto de forma amarga y sugiere que lo que salvó a Ulises no fue cantar ni taparse los oídos, sino que las Sirenas ni siquiera se molestaron en cantar para él.
En 2017, la filóloga Emily Wilson publicó la primera traducción al inglés de la Odisea hecha por una mujer, adaptando algunos eufemismos históricos a la realidad actual, más acorde con la perspectiva de género. En 2005 Margaret Atwood adaptó el texto para contar la historia desde la perspectiva de personajes olvidados como Penélope y sus 12 criadas ahorcadas por Telémaco, el hijo de Ulises.
La Odisea en el Séptimo Arte
La primera aparición de La Odisea el cine es de 1905 de la mano de Georges Méliès (L'Île de Calypso). En 1911, aún durante la época del cine mudo, el filme L'Odissea dirigido por Francisco Bertolini destacó por sus efectos especiales al recrear monstruos marinos con maquetas y trucos de cámara.
Pero fue en la era dorada de Hollywood, en los años 50, gracias al Ulises de Mario Camerini, con Kirk Douglas como Ulises y Silvana Managano como Penélope donde encontramos la referencia visual más reconocible del mito para nosotros.
La serie ítalo-alemana «Las aventuras de Ulises» (1968), que lamentablemente no está disponible en las principales plataformas de entretenimiento, fue rodada en escenarios naturales del mediterráneo y es también recordada por su fidelidad al texto clásico.
La estructura de la obra, basada en el viaje del héroe a lo desconocido y su regreso a casa, ha sido un recurso aprovechado por muchos cineastas para adaptaciones indirectas del mito homérico: «2001 Una odisea del espacio» (Stanley Kubrick, 1968), «Oh Brother!» (Ethan y Joel Cohen, 2000), «Interstellar» (Christopher Nolan, 2014), «The Martian» (Ridley Scott, 2015), son algunos ejemplos.
La Odisea de Nolan
Así llegamos a la visión actual de la Odisea filmada por el famoso director Christopher Nolan. Denostada por falta de rigor histórico por algunos pero aclamada gracias su impactante fórmula visual por otros, el prestigio de su director y el talento de sus protagonistas apuntan a todo un éxito comercial.
Las críticas al rigor histórico nos retrotraen a la época en la que Petrarca y Boccacio se quejaban de la falta de belleza poética del texto traducido del griego. Pilatos no era un poeta y Nolan no es historiador por lo que las críticas fundamentadas deberían centrarse en su labor como cineasta. Y ahí hay pocas dudas sobre su habilidad para llevar la cinta a las más altas cotas de excelencia visual.
Su idea de abandonar la grabación digital para rodar en celuloide es todo un homenaje a las primeras películas de Méliès y Bartolini que antes citaba. Seguramente también Nolan sospeche que, en formato analógico, su cinta tenga más posibilidades de preservación a largo plazo que en formato digital.
La elección de un tamaño de película de 70mm IMAX de alta definición, unas 8 veces el tamaño habitual, garantiza la espectacularidad de las imágenes y nos lleva a pensar que seguramente la cinta esté llamada a convertirse en el nuevo canon que mantendrá vivo el mito de Homero en la memoria colectiva de occidente.
En definitiva, La Odisea constituye un ejemplo paradigmático de obra literaria que, como todas las trascendentales, entrelaza la memoria de los hombres y mujeres del presente con los del pasado y con los del futuro. Es el reflejo de una tradición cultural intergeneracional, el de la literatura, que más allá de nuestra inteligencia o del dominio del fuego, constituye nuestro rasgo más profundamente humano. El que más nos distingue del resto de los animales.
Su olvido durante mil años nos alerta sobre la fragilidad del saber si no es debidamente preservado. Nos avisa de que los avances de la humanidad no son lineales y que en ocasiones se producen retrocesos devastadores.
Su recuperación nos demuestra que la llama del conocimiento nunca se apaga del todo mientras haya mentes dispuestas a rescatarla. Es el triunfo de la memoria sobre el olvido. La prueba de que, tras los pasajes más oscuros de la historia, las grandes obras del espíritu humano siempre encuentran el modo de volver a iluminarnos.