Reflexiones desde la ventana

Balada de quien os escribe

JOSÉ CERCAS

Naces bajo el inmortal fuego de vulcano. La luz parda, la rojiza, y la luz de la amanecida mezclada con el barro y el agua, cuelgan de tus ojos, mientras principian el perfil histórico de tu envergadura.

Empiezas a caminar y te enfrentas a la vida, entre la celeste viveza de los astros que adornan la noche. En el principio fuiste cubierto por el color del verde pasto y por el frío del invierno en el pálido terruño del cuento. También el verano y la primavera emergieron, en tu lado del tiempo, entre las flores y el agua. Allí la realidad de la existencia.

Abres los ojos y, de pronto, la naturaleza te golpea el rostro con un vendaval de luz y de colores, te sientes bien y caminas.

Árboles por doquier, riachuelos enfrentados con las rocas, la voz de los animales invocando la fortaleza del sol. En las sombras crecen los frutos donados a la evolución de mundo.

ESTRIBO

Esta luz tan familiar atraviesa los visillos,

en el salón, el piano, al poniente de la música,

viaja y afina sus cuerdas sonoras.

Salgo, a las aceras del carámbano, las rodea el tiempo.

Sé que al son de las calles desiertas,

en los blancos cruces de la nieve,

existe el paso de las flores.

No sé porque escribo, pero lo hago,

la luz y las flautas del pan dejan su labor en el aire,

los caballos viajan al trote dibujados por la poesía,

los bandoleros pierden la voz dentro del bosque.

No sé por qué escribo, pero lo hago, así, sencillamente,

y las flautas salen al trote de las luces

y los caballos danzan en la sierra madre,

y los bandoleros cantan en los caminos del viento,

y yo que no sé porque escribo, pero lo hago,

Tal vez escribo porque ellos existen,

para que yo escriba sobre sus corazones de tinta, en mi poesía.