

Inmaculada molina jiménez
Viernes, 10 de abril 2020, 01:31
Nadie podía imaginar las pasadas navidades, cuando nos felicitábamos el Año Nuevo, cuando nos abrazábamos y nos besábamos deseándonos lo mejor para 2020, que nos íbamos a ver en unos meses, en esta atípica, extraordinaria y alucinante situación. Algunos lo vieron venir de lejos, muchos otros lo asumieron poco a poco o de golpe e incluso algunos, parecen no haberlo asimilado aún y les cuesta aceptar el tan fácil e indispensable 'Quédateencasa', una sencilla forma de salvar vidas.
Estamos viviendo una situación contradictoria pues, por un lado, tenemos ese ansiado tiempo que siempre anhelamos para hacer lo que nunca podemos y siempre vamos aparcando; pero por otro, no podemos hacer lo que más desearíamos, estar con muchos de nuestros seres queridos. Es una paradoja, porque para ayudar a los más vulnerables, para protegerlos y darles nuestro amor, tenemos que mantenernos lejos, justo lo contrario de lo que habíamos hecho hasta ahora. Los que tengan más suerte, volverán a ver a todos sus seres queridos, aunque otros muchos, demasiados, ya no podrán volver a hacerlo.
Parece un mal sueño o una película lo que está pasando. Nuestra vida ha dado un cambio radical, nuestros hábitos, el teletrabajo, las clases no presenciales, el cierre de todo, la forma de ver la vida, y las relaciones personales. Muchos han perdido su trabajo, su bienestar o su salud. De un día para otro hemos tenido que adaptarnos a una nueva vida puesto que el mundo se ha parado y, quizá, teníamos que parar y no lo queríamos ver. El tiempo nos dirá si hemos aprendido la lección, si sabemos conservar el cielo azul y si como dicen, seremos mejores, a pesar de no ser los mismos.
Los momentos más difíciles y trágicos de la historia de la humanidad nos han aportado grandes historias de amor narradas en los libros y contadas en el cine, vidas vividas al límite por si se truncaban en cualquier momento. En estos tiempos dominados por el narcisismo, lo superficial y el materialismo, ya casi estaba todo perdido y de pronto, vemos cómo surgen hermosas historias de amor, vemos cómo a través del sacrificio, demostramos amor, cómo se ha desencadenado una ola imparable de empatía, de comprensión, de solidaridad, de retos, de iniciativas altruistas, de esfuerzo, de capacidad de adaptación a la nueva situación, de resistencia, vemos cómo ha salido nuestra cara más amable con vecinos y desconocidos; sufrimos con el que sufre, pues al fin y al cabo, todos sufrimos; vemos que somos más fuertes y más valientes de lo que pensábamos que éramos y que dando lo mejor de nosotros mismos, nos sentimos bien.
Estamos viendo cómo cada uno desde su pequeña parcela, está cambiando el mundo, lo que parecía imposible y estamos demostrando que los pequeños gestos, son grandes hazañas, grandes pasos, auténticas heroicidades. Me viene a la cabeza, cobrando una enorme vigencia, el concepto de 'intrahistoria' de Unamuno, esa «vida callada de millones de hombres sin historia», que escribirán la Historia, aunque su nombre no venga en los libros. Con eso me quedo, con todos ellos, con todos nosotros.
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