Francisco Mateos / FMC

Reflexiones desde la ventana

Amartya Sen, el Índice de Desarrollo Humano y el futuro de Trujillo

«Es el momento de poner en marcha un proyecto con capacidad de ilusionar a un gran número de trujillanos y trujillanas»

FRANCISCO MATEOS

Algunas veces habré escrito por aquí sobre economistas como Thomas Piketty o Mariana Mazzucato. Pues bien, este año el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales es para uno de los mentores de ambos: el economista y filósofo bengalí Amayrta Sen, pionero en estudiar la desigualdad económica y el papel de los Estados en el progreso de las sociedades, que además es uno de los 'padres' del IDH (Índice de Desarrollo Humano), el indicador más utilizado hoy en día para clasificar a países y regiones según su desarrollo.

El IDH, además de la riqueza de un país o región, incluye en su cálculo la esperanza de vida o el nivel educativo de los ciudadanos, por lo que se convierte en un indicador mucho más realista y fiable que el PNB (Producto Nacional Bruto), que solo consideraba la riqueza económica de los países. El IDH, en definitiva, pone de manifiesto que, a la hora de estudiar el nivel de vida de los ciudadanos, no solo hay que tener en cuenta la economía, sino que es necesario considerar otros aspectos como la educación, la cultura o la sanidad.

Extremadura, a la cola de Europa

Aprovechando la próxima entrega del premio, es buena ocasión para recordar que, sin salir de España, podemos observar grandes diferencias en el IDH entre regiones, ya que mientras que Madrid, País Vasco o Navarra disfrutan de niveles de vida comparables a los de Dinamarca, Reino Unido o EE. UU, Extremadura, Ceuta y Melilla tienen que conformarse con equipararse a Letonia o Hungría.

Extremadura ha avanzado mucho en niveles de vida en los últimos 50 años, lo que tampoco es de extrañar considerando los niveles de los que partíamos. Lo que queda claro es que ni siquiera la beneficiosa descentralización autonómica, consagrada por la Constitución del 78, ha sido suficiente para cerrar o ni siquiera estrechar la brecha social con las regiones más ricas de España.

Los datos son tozudos y Extremadura sigue siendo una de las regiones más pobres de Europa, así es que no lo puedo evitar, pero como extremeño, uno de los sentimientos que más me embargan cuando viajo es la envidia.

Envidia sana de nuestros compatriotas

Aquí en Extremadura, y cada vez más, tenemos que usar el automóvil para casi cualquier desplazamiento entre ciudades o incluso dentro de estas. De tren y el avión, mejor ni hablar, pero en Trujillo, las conexiones en autobús son cada vez más escasas, así es que no puedo dejar de sentir una sana envidia cuando compruebo como los habitantes de ciudades como Madrid, Bilbao o Sevilla pueden disfrutar de un despliegue sin igual de transportes públicos como autobuses, cercanías, metro, tranvía o bicicletas eléctricas.

A veces pienso que, si los poderes públicos no tienen interés en invertir en infraestructuras de transportes, quizás deberían entregarnos un coche gratis a cada extremeño, combustible incluido, para paliar la falta de transporte público que sufrimos.

La diferencia en la oferta cultural y educativa también es incomparable y también me produce envidia. Está claro que en Trujillo no podemos tener una Universidad, como tampoco es viable el despliegue de teatros, museos o bibliotecas que hay en Madrid, pero al menos un cine municipal como tienen otras localidades extremeñas de nuestro tamaño, creo que nos merecemos los trujillanos.

En muchos lugares tanto la oferta de transportes como la de ocio, cultura y educación puede ser ofrecida por la iniciativa privada, pero en Extremadura en general y en la provincia de Cáceres en particular, con una de las rentas más bajas de Europa, no existe una 'masa crítica' suficiente para que las empresas privadas puedan rentabilizar esos servicios, por lo que esa iniciativa tiene que ser necesariamente pública.

El futuro de Trujillo: industria y turismo, claro. Pero también cultura y patrimonio

Si hablamos de Trujillo en particular, las iniciativas que nuestro ayuntamiento ha puesto en marcha para garantizar el necesario impulso industrial que nuestra localidad necesita, desde Navidul a Diamond Foundry, pasando por la inversión en polígonos industriales, es muy loable. Pero además de esas infraestructuras económicas que son innegablemente necesarias, es también deseable potenciar las infraestructuras sociales relacionadas con la sanidad y la cultura.

En cuanto a la sanidad, disponemos de un Centro de Alta Resolución con unas instalaciones ejemplares y una dotación de medios envidiable, pero una vez pasada la pandemia habría que hacer lo necesario para que la dotación de personal sea la adecuada a las instalaciones y para que todas las especialidades, así como el servicio de urgencias, vuelvan a ser lo que eran.

Con relación a la cultura y el turismo, sectores muy relacionados, aunque en los últimos años se han realizado algunas inversiones reseñables, como la remodelación de la Plaza Mayor, el parking público, el centro de interpretación 'Torre del Alfiler' o el centro de recepción de visitantes 'Los Descubridores', Trujillo necesita algo más. Algo más ambicioso.

Trujillo, ejemplo de recuperación y protección del patrimonio

Desde luego, pocas personas podrán discutir que Trujillo se ha convertido en todo un ejemplo de recuperación y protección del patrimonio histórico. Con mayor o menor acierto, en nuestra localidad abundan los ejemplos de conventos, iglesias, monasterios, palacios o casas señoriales que han sido restaurados y puestos en uso ya sea con fondos públicos, privados o mixtos.

La remodelación de la Plaza Mayor; el convento de San Francisco, sede del CETA-CIEMAT; el Palacio de Lorenzana, sede de la Real Academia de Extremadura; los conventos de Santa Clara, San Antonio o el Palacio de Santa Marta, convertidos hoy en lujosos hoteles; el convento de La Coria, sede de la Fundación Xavier de Salas o los palacios Juan Pizarro de Orellana y la casa-fuerte de Luis de Chaves el Viejo, convertidos ambos en el Colegio Sagrado Corazón de Trujillo.

Eso sin contar las innumerables viviendas privadas, los edificios históricos de propiedad municipal (ayuntamiento, teatro, centro de interpretación 'Torre del Alfiler', centro de recepción de visitantes 'Los Descubridores' …) o los que son propiedad de la Iglesia, como San Martín, San Francisco, Santa María y los conventos de San Pedro, San Miguel y las Jerónimas.

La lista es extensa, pero en toda esta vorágine de recuperación y aprovechamiento de edificios, dos de los palacios más importantes y mejor situados de nuestra localidad, aún se resisten a entrar en la lista. Es por ello, que muchas personas del mundo de la cultura y el patrimonio que visitan Trujillo, aún les extraña que, en plena Plaza Mayor de nuestra localidad, siga cerrado y en riesgo de ruina, el Palacio La Conquista e infrautilizado el Palacio de San Carlos.

El palacio de San Carlos y el palacio de la Conquista, asignaturas pendientes

Hablando del Palacio de San Carlos en particular, parece inconcebible que el mayor palacio de nuestra localidad y uno de los más bellos, esté siendo utilizado únicamente para celebrar bodas, bautizos y comuniones. La semana que viene se celebra en Trujillo la cumbre hispano-lusa precisamente en ese palacio, por lo que quedan pocas dudas sobre la necesidad y viabilidad de que ese espacio se convierta en un edificio público relacionado con la cultura y la protección del patrimonio en nuestra localidad que, entre otras instalaciones, albergue una biblioteca municipal digna de nuestra ciudad (en lugar de lo que tenemos ahora), aloje una Oficina de Turismo adecuada a la importancia turística de Trujillo y de cobijo, con todas las garantías de preservación y seguridad, a nuestro Archivo Histórico Municipal, alejándolo del peligro de ruina que lo acecha.

La recuperación como espacios públicos del Palacio de la Conquista y del Palacio de San Carlos, con el objetivo de garantizar tanto su integridad como un aprovechamiento realmente útil para la sociedad trujillana relacionado con la cultura, la protección del patrimonio y la promoción turística, pueden formar parte de ese proyecto de recuperación social y cultural que nuestra localidad necesita.

Oportunidades y retos para el futuro esperanzador

La oportunidad que ofrece la anunciada descentralización de sedes de organismos estatales, (mal que le pese a Isabel Diaz Ayuso), unida a la disponibilidad de fondos europeos relacionados con la recuperación post COVID y a la visita del presidente del Gobierno para la próxima cumbre hispano-lusa en nuestra localidad, pueden conformar una oportunidad de oro para poner en marcha ese proyecto, que nuestras autoridades municipales no deberían echar a perder.

Esa es la oportunidad, pero también hay un reto, si cabe más importante: el de encontrar fuentes de financiación, no sólo para la puesta en servicio y restauración de los edificios, sino también para dotar, de forma sostenible en el tiempo, del personal experto para el adecuado funcionamiento de las instalaciones.

Desconozco el color político o el nombre del responsable político regional o municipal que sea capaz de llevar a cabo un proyecto como este, lo que es bien seguro es que el que lo consiga, será recordado por muchos años por todos los habitantes de nuestra localidad.

Es el momento de ser ambiciosos, de ser osados incluso. Es el momento de poner en marcha un proyecto con capacidad de ilusionar a un gran número de trujillanos y trujillanas, que pueda, no solo incrementar los ingresos económicos para nuestra localidad, sino también aumentar los índices relacionados con la cultura y la educación de los ciudadanos de nuestra comunidad, eliminando factores de desigualdad y reforzando los valores democráticos, tal y como preconiza el premio Princesa de Asturias 2020 de Ciencias Sociales y además premio Nobel de economía de 1998, Amartya Sen.