Reflexiones desde la ventana

Amarga certeza

María Victoria Pablos Lamas
María Victoria Pablos Lamas.

María Victoria Pablos Lamas

¡Cómo es la vida...! (No sé si cuando escuchan esta frase les pasa como a mí, que nos quedamos escuchando, concentrados, para saber ... cómo acaba).

Las personas somos puntos principales de acción, comprensión y reacción. Todos, de una manera más aislada o quizás menos, afrontamos las vivencias propias o las vivencias cercanas en función de lo que nos puedan remover en el tejido más profundo.

Por eso, no reaccionan las personas desconectadas, y tampoco las personas que no sienten el impulso de la empatía. 

(Todos hemos escuchado que vivimos anestesiados y que no defendemos con fuerza suficiente ideas que son dignas, necesarias y que le dan sentido a ser una sociedad más sana... Vivimos demasiado individualizados; en consecuencia, bastante aislados emocionalmente, y por ello sufrimos cuando no podemos entender lo que no podemos controlar).

Transitar la vida es, vivir cada momento con lo que trae o más bien, con lo que enfocamos cada uno dentro de lo que sucede. Y cada manera de afrontar el desajuste es única, es personal y a veces es un enfoque que, con el distanciamiento adecuado, puede cambiar de apreciación por nuestra parte. No todo lo que valoramos como positivo acaba siéndolo. El tiempo tiene la capacidad de actuar como el prisma preciso y conseguir que mejoremos la apreciación de muchas de nuestras experiencias. Quizás, usted ha empezado a sonreír mientras lee. ¡Cómo es la vida!...

Les invito a reflexionar a través de estas líneas, para, quizás, localizar cabos sueltos. Acerquémonos a una búsqueda que encuentre lecturas más convincentes de hechos que aún no nos cuadran (ahora que aún podemos).

Pero construyamos nosotros el puzle, que nadie nos lo dé hecho. Sólo a través de ese nivel de integración de información somos libres para poder influir en nuestro alrededor.

Cuidado porque, cualquier enfoque se puede transmitir y puede tener un alcance a través de otros. Y cuidado, se transfiere todo. En tiempos de optimismo ese optimismo caminó ávido nuevos senderos y sumó energías en la misma dirección... Pero hoy no es tiempo de optimismo, vivimos muchas veces con gafas de sol muy oscuras que no recordamos llevar puestas.

-perdónenme, era mucho mejor imaginarles sonriendo- Y sí, vivimos en un espacio lleno de adversidad y crispación; se vuelve difícil pensar en otra dirección.

La interpretación de lo que sucede, depende de nuestra capacidad de procesar lo sucedido. Y no quiero que piense en acontecimientos que no estén en su ámbito de acción porque, igual que su ámbito de acción queda reducido al aquí y al ahora, el ámbito de alcance que debe plantearse es el directo. Me inspira notablemente Eduardo Galeano: «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». Porque habla de lo importante que es accionar lo pequeño y de cómo lo pequeño es grande y acaba siendo coherente de una manera trascendente.

Y es más, creo que esta enorme coherencia es el pilar fundamental de nuestra gran región, aunque no haga nada de ruido. No me digan que no piensan como Astérix: Los medios están locos (los romanos agitaban a Astérix como los medios de comunicación nos agitan a nosotros). Pero lo fundamental es que abramos un paraguas y funcione lo de adentro. En un ámbito cercano y totalmente en nuestro interior.

Y si algo no encaja cabe destacar que, entre los individuos observadores, sólo algunas personas han potenciado rasgos divergentes de comprensión. Estos observadores han desarrollado una especie de «cortafuegos» eficaz que les permite entender la esencia de las cosas y distinguir lo demás como secundario y separado, aunque a la vez exista entrelazado.

Para lograrlo separan y entienden los rasgos superficiales y consiguen aislarlos y extraerlos del análisis en proceso. Concentran su atención en la esencia de los hechos. Y construyen una interpretación en la que todos los componentes tienen una existencia entretejida. Sólo a través de la integración de la profunda respuesta fisiológica de cada ser humano participante en el acto de comunicación, llegaremos al sentido más completo de lectura.

¿No han cerrado nunca los ojos para pensar profundamente en lo esencial? Este entramado de capas existe tejido en cada crisis que vivimos los humanos... Por eso muchas veces tenemos la certeza de no estar entendiéndolo todo. Entendemos las cosas como somos, no exactamente como son. Surge la necesidad de integrar más puntos de vista con el fin de que todo encaje más.

Es importante en este momento hacer mención al optimismo como mecanismo necesario. Como prisma del entendimiento que nos ata salvajemente a la vida. Como instrumento de lucha capaz de conseguir efectos más allá de nuestro pequeño ombligo y por un bien común más trascendental. Que vivamos contra corriente y con un optimismo calculado, forjado por la necesidad absoluta de llegar a mejores posiciones.

No olvidemos que en nuestra red de apoyo latente... los grados de empatía y de implicación son tremendamente diferentes. Y está bien así. No somos sino seres en continua sucesión de pensamientos y vivencias... En autogestión con mucho trabajo personal. Pero que el optimismo removedor (no el banal, no el positivismo vacío...) es una disposición que nace con mucha fuerza, y lo hace como instinto de supervivencia primario y que es «un abrirse la piel para que emerja la fuerza» y es un trabajo ímprobo diario y que, aunque no siempre tendremos las fuerzas, siempre tendremos las ganas... 

La buena noticia es, que, si a usted estas cuestiones le resuenan, la práctica diaria va a ir potenciando su capacidad de análisis y su intuición para gestionar su comunicación diaria y con ello mejorar su percepción del mundo cercano. Y mejorando estos aspectos la intuición será su enorme compañera. Con los tiempos que corren podrán tener la claridad de invertir su energía en los aspectos más vitales de su existencia. Y con la trayectoria llegará cierta calma y también recuperarán cierto optimismo. Entrenemos pues, siempre mientras podamos.

Sonrío y se lo dedico a todos los que al leer sonríen. -Amarga certeza contra tsunami de energía optimista- precisamente esa lucha de contrarios es el potencial de la vida. Vuélvanse optimistas en su área de influencia y notarán ciertos cambios. Lo que necesitamos encontrar, primero, tenemos que aprender a sembrarlo. Y antes de ello, tiene que formar parte de nuestro interior.

Digamos que el viaje es hacia dentro.

Gracias por dejarse envolver por estos torbellinos de pensamiento. Firmemente convencida de que mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, podríamos mejorar considerablemente el mundo... Si es que no lo estamos haciendo ya.

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