José Cercas

Reflexiones desde la ventana

Acaso la vida

JOSÉ CERCAS

Al igual que el rayo violento que nace de la nube, tú naciste de hembra y, cubierto de sangre, te revolviste ante la vida y lloraste sobre la amarga imperfección del tiempo.

Al igual que el rayo pierde su ímpetu tiránico sobre la tierra, tú dormirás bajo ella, serio y silencioso te irás para nunca volver. Pero, antes de que eso ocurra, tú sabrás poner tu destino ante la biografía. Habrás de crear la risa y su diario, la lágrima, el amor, la juventud y la ancianidad. Estás destinado a ello y sabes que tu compromiso es vivir, aunque el camino se haga duro, comerás el fruto del árbol, tomarás el néctar amado, crecerás ante tus antepasados y querrás a quien te suceda.

Al igual que el rayo violento, tú tienes un tiempo preciso que hará germinar la semilla ante los oscuros ojos de la existencia.

LA VIDA

Siempre es tarde cuando busco el origen de la piedra,

cuando dejo, en la callada hoja de papel,

la memoria de todos los nombres que amé y me han amado.

Nunca es tarde para morir, porque la muerte viaja lenta pero certera,

como pasajera bajo las sombras de lo certero.

Nunca es tarde para vivir con las ventanas abiertas,

para sentir la palabra retorno en un beso,

para amar antes de que la senectud venga cargada de historia.

Ya sabemos que la vida no es otra cosa que un viaje por el cosmos.

Ella se acomoda en los vagones del tiempo

y, con los ojos abiertos para las lágrimas, contempla el paisaje.

Ella sabe que, a través de los cristales, de cualquier forma,

se van las arboledas, los perfiles vencidos,

los vientres natales y los amores que al final callaron.

Siempre es tarde para amar, ¡siempre es tarde para eso!

Cuando buscas el corazón amable de la amada, ya se ha ido.

Cuando entonas canciones abriles a su paso, ya se ha marchado.

Se fue en estas o en otras horas, en vagones tristes, melancólicos,

cubiertos de la añoranza del tiempo.

En aquellos donde han de reposar los pasos

y las voces perdidas de la tierra.

Se fue a su lugar de origen,

a su paraje perdido en la evocación de lo acontecido.

Lo sabemos, siempre es tarde.

Retornamos a la nada de donde emigramos,

para volver a ser de nuevo el polvo que agita el aire,

para ser de nuevo la parte divisible del universo

¿Acaso no es este el fin que ensayamos?

¿Acaso no es esto la vida que pretendemos?,