Vecinos de diferentes países que viven en el Pago de San Clemente
Vecinos de diferentes países que viven en el Pago de San Clemente / JSP

Flechazos por el Pago de San Clemente

  • paraje natural

  • Extranjeros y españoles llegan atraídos a este núcleo de población, perteneciente al término municipal de Trujillo, por su tranquilidad y por su naturaleza

Colombia, Alemania, Inglaterra, Bélgica, Irlanda y Holanda y, por su puesto, España. Son algunos de los países con representación, por distintos vecinos, en el Pago de San Clemente, un pequeño núcleo de población perteneciente al término de Trujillo. Esa variedad de nacionalidades resalta en un padrón de cerca de 80 personas, según fuentes municipales.

Unos cuentan con viviendas, grandes o pequeñas, dentro del casco urbano. Otros disfrutan de su estancia en terrenos con una gran diversidad de casas de campo y lagares. La mayoría de ellos sintió un 'flechazo' por este núcleo de población, atraídos por su tranquilidad y su naturaleza, rica en flora y fauna. Ejemplo de ello es el amplio 'abanico' de aves existente. Estos condicionantes, junto a esa mezcla de culturas, hacen del Pago de San Clemente un lugar singular.

Este arrabal, situado a 13 kilómetros de Trujillo, acoge a políticos de ámbito local, regional y nacional ya retirados, nombres de prestigio del mundo de la literatura, de la restauración y del arte, junto a industriales de éxito. Todos ellos conviven con otros vecinos oriundos de esta zona. Unos utilizan estas viviendas para disfrutar de largas estancias o fines de semana. Para otros, se ha convertido en su residencia principal, a pesar de estar a miles de kilómetros de su lugares de origen. A pesar de ello ya han echado raíces en este paraje natural.

Un ejemplo de ello es el matrimonio formado por Claudia Camacho y Martin Kelsei. Ella, colombiana y él, inglés. Ambos ya se sienten parte de Extremadura. Regentan una casa rural. Hace 20 años buscaban poner en marcha un negocio relacionado con el turismo ornitológico. En esa época el número uno de este sector era España. Tras ver distintas partes del país durante siete años les llamó la atención Extremadura y, sobre todo, Trujillo y sus alrededores. Al final, casi por casualidad, dieron con lo que ahora es su medio de vida y su hogar. En 2005 abrió sus puertas El Recuerdo y hasta la actualidad.

Defensores

Ahora, estos vecinos se han convertido en grandes defensores del Pago de San Clemente, para que se cuide. «Es una zona muy bonita, siempre con luz y con una naturaleza maravillosa que te llena de buena energía», explica Claudia. «Los caminos, el paso de las aves, como las grullas, su cielo y las estrellas», destaca su marido. No se olvida del «famoso» microclima, sobre todo en verano, con unas temperaturas más agradable que en los alrededores. Por todo ello, consideran que es necesario que haya una concienciación para su conservación.

Geoff y Sue Gibson, de Inglaterra, compraron su vivienda en 2008. Querían un sitio en España con tranquilidad y paz. Primero visitaron el sur, pero «allí había muchos ingleses», sostiene Geoff con un esforzado castellano. Al final una española les aconsejó que visitaran Cáceres. Así lo hicieron, alojándose en la casa rural de Claudia y Martin. Gracias a sus recomendaciones, adquirieron su nuevo hogar. Desde hace poco se ha convertido en su residencia principal, aunque de vez en cuando tienen que viajar a Inglaterra por cuestiones de trabajo. Eso sí, gracias a Internet, él puede estar conectado con la empresa. «Extremadura es paz y tranquilidad. Todo es estupendo», sostiene. Ahora, trabajan en algunos de sus anhelos, un jardín con plantas mediterráneas y un huerto.

El caso de Peter Hemelaer, natural de Bélgica, es diferente. Está casado con una trujillana. Aunque vivieron en Madrid, «la tierra y la familia de mi mujer tiraba bastante». Por tanto, cambiaron el ruido de la capital madrileña por la tranquilidad y la naturaleza del Pago San Clemente en una de las parcelas alrededor del casco urbano. Reconoce que les costó encontrar algo que le gustase hasta que vieron su actual casa, con una gran vista. «Me enamoró», reconoce. Llegaron a mediados de 2000. A pesar de ello, no estuvo exento de problemas, como el teléfono y la luz, que tardaron un año en instalárselos. Totalmente asentados, se desplazan cada día a Trujillo a su trabajo.

Una joya

Otro inquilino es el alemán Valentín Kranz, casado con una vallisoletana, aunque su familia ha pasado mucho tiempo en Cáceres. Hasta hace poco tiempo vivían en la plaza Mayor de Trujillo. Con una hija pequeña decidieron trasladarse a un lugar más tranquilo. Eligieron el Pago de San Clemente. «Esta zona y Extremadura en general es una joya escondida», señala. Este vecino apunta que este territorio les sirve para desconectar. Destaca que se pueden despertar con el canto de los pájaros y disfrutar el aire fresco y de la naturaleza. Cuenta con varios proyectos empresariales que podrá dirigir a través de Internet.

¿Y la convivencia con los vecinos? El trato es muy bueno. «El sentido de comunidad es importante», sostiene Martin. Su esposa recuerda que esos vecinos les ayudaron a asentarse en este nuevo hogar. «Hemos sido recibidos muy bien, con los brazos abiertos», añade Valentín. De hecho, esa buena convivencia la consideran primordial.

A pesar de ello, todo es mejorable. Entre otros aspectos, critican que se utilicen pesticidas y herbicidas en parcelas. «Así matamos todo», señala Peter. Geoff y otros compañeros piden puntos de acopio para los restos de poda, generada de la limpieza de la multitud de parcelas. En distintos casos, termina en una zona de contenedores, convertida en vertedero improvisado. También lamentan que en ocasiones esa tranquilidad se ve truncada por la música a altas horas de la madrugada.

Desde niño

Uno de los vecinos que ha visto llegar a muchas personas, españolas y extranjeras, es el abogado Alberto Moreno. Pasó allí su niñez. Cuando cumplió los 12 años, se trasladó con su familia a vivir a Cáceres. A pesar de ello, la casa familiar de este núcleo de población ha sido su referencia los fines de semana. En la actualidad ese paraje le sirve para desconectar de la rutina diaria. Destaca entre otros aspectos ese microclima existente. Este hecho propicia que en un mismo espacio convivan diferentes especies que en otros lugares sería impensable, al menos, así se lo contaba su abuelo.

Tiene claro que todo el mundo que llega y observa este le paisaje le enamora. Moreno remarca esa buena relación con las personas que llegan de nuevo. «Siempre son bien acogidos», añade.

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